El pueblo celta el 1 de febrero celebraba a Brigit, diosa del fuego —su nombre significa brillo— protectora del hogar, de los sanadores y poetas, de los nacimientos y de la inspiración. Febrero es el momento en que el sol empieza a recuperar su fuerza para calentar la tierra. Durante la conmemoración de Brigit se encendían las hogueras purificadoras y se practicaban los ritos paganos propiciatorios de fertilidad y un nuevo ciclo de vida.Resultó tan popular la diosa del fuego celta, que todavía hoy se venera en Irlanda como Santa Brigida, protectora del ganado y de las granjas, del fuego y de las calamidades.
Los vestigios de antiguas fiestas del fuego y de la luz los podemos encontrar en la Candelaria, que celebra hoy en día la Iglesia Católica el 2 de febrero. Las velas encendidas sustituyen a las hogueras que se dedicaban a los dioses de la luz. Estos rituales expresan ahora, como antaño, el ancestral deseo de la humanidad de que la nueva energía creadora del sol purifique la vegetación y la humanidad, expulsando las tinieblas y las influencias de la muerte, que impedirían la renovación de la naturaleza en la primavera que se acerca.
La simbología solar tiene un importante papel en las complejas fiestas carnavalescas del mes de febrero. Las formas redondas o de ruedas siempre fueron consideradas de buenos auspicios, ya que recuerdan al divino astro solar, imprecindible para la vida. Esta sería la razón por la cual se repiten las mismas fomas circulares en los numerosos buñuelos y frituras, roscos y tartas, que acompañan las alegres celebraciones.
Roscas de carnaval
(España)
Ingredientes:
9 huevos
3 sobres de levadura en polvo
1/4 l agua con anises cocidos
500 g azúcar.
un vaso de aceite de semillas
zumo de un limón y una naranja
cáscara de un limón frita en el aceite.
1 1/2 Kg de harina.
1/2 copa de aguardiente o de anís.
azúcar en polvo o un poco de chocolate fundido
Freír en aceite la piel del limón a baja temperatura. Dejar enfriar.
Batir los huevos, echar el aceite tibio —donde se había freído la cáscara del limón— y el agua con los anises cocidos. Añadir la mitad de la harina y mezclar todo. Unir la levadura, el zumo de limón y de naranja, la harina que quedó, el aguardiente o anís.
Amasar bien y por último añadirle la cáscara del limón, frita en aceite y picada.
Formar unas roscas y freirlas en abundante aceite caliente.
Sacarlas cuando estén doradas y ponerlas a escurrir en papel de cocina.
Espolvorear con azúcar en polvo y servir tibias. Los amantes del chocolate seguramente preferirán las roscquillas decoradas con chocolate fundido. Recomiendo hacer las dos versiones, seguramente se acertarán los gustos de todos.
A partir del año 496 aC. en Roma se empezó a celebrar el 17 de marzo a Liber, en las fiestas llamadas "Liberalia", una de las múltiples representaciones de Baco, el Dioniso helénico, como dios de la fecundación y de las mieses, además de la vendimia.
El 17 de marzo, se celebraba en la antigua Roma la "Liberalia", fiesta en honor a Liber, uno de los múltiples nombre del Baco romano, o Dioniso griego.
De las fiestas romanas llamadas "Lupercales", que se celebraban en honor a los pastores de los que el Fauno Luperco "Pan" era dios, procede claramente la tradición del carnaval gallego característico de Xinzo de Limia, Laza y Verín, donde los “cigarrones”, “pantallas” o “peliqueiros” azotan a los participantes a la ruidosa fiesta, con débiles fustas de cuero, con cencerros, o les golpean con tripas de cerdo hinchadas. El Santo Endroido es el Carnaval gallego propiamente dicho. El ciclo del Endroido abre las puertas a la primavera, a la renovación de la naturaleza, que augura nuevos frutos y semillas en el mundo agrario. La gente se disfraza con máscaras que tienen orígenes muy antiguas, muchas de ellas de animales, y hasta los animales van disfrazados. Son días de comidas de carnes como el lacón, chorizo y cacheira, así como de abundantes y dulces filloas, orejas rosquillas y bicas, que hacen las delicias de pequeños y mayores, en estas fechas.
En la antigua Roma, lo que hoy llamamos Carnaval, era un conjunto estructurado de fiestas, en latín "die festus", que se dedicaba a los dioses, a las ceremonias religiosas y a las costumbres alegres y desenfrenadas. El primer núcleo de estas celebraciones eran llamadas Saturnalias, que se celebraban la segunda quincena de diciembre. Este conjunto de fiestas tenían la finalidad de despedir el invierno, expulsar la muerte de la vegetación y de los hombres, purificar a ambos a través de múltiples rituales, promover la luz solar para preparar la resurrección de la naturaleza de primavera, propiciando todo acto de fecundidad.
La miel es en todas las tradiciones símbolo de riqueza y de dulzura. En los textos sagrados de oriente y de occidente, leche y miel corren en arroyos sobre las tierras prometidas. Las tradiciones celtas celebran el hidromiel como bebida de inmortalidad.
En la antigua Roma los gladiadores, antes de bajar a la arena, se colocaban una ramita de perejil en el cinturón, convencidos de que dicha hierba propiciaba la fuerza y la astucia.

El azafrán, “Crocus sativus”, es una planta de la familia de las Iridáceas, que se caracteriza por tener una flor color lila donde destacan el color rojo de los estigmas y el amarillo de los estambres.
De todos los animales que comparten la vida con el hombre en el campo, no hay ningún otro que alcance mayor simbología que el gallo, señor del gallinero.
La ceremonia del té en Japón se llama Chanoyu y es una costumbre social y estética, en la que se sirve y se bebe el matcha (té verde en polvo). Este antiguo ritual celebra la imperfección de lo fabricado artesanalmente, lo rústico, y la belleza melancólica que proporciona el transcurrir del tiempo.
La granada, fruta dulce y refrescante, se consumía ya en el antiguo Egipto y los árabes la consideraban el símbolo del amor. Originaria de los países del Este y de Oriente se consume desde los Balcanes hasta el Himalaya.
Muchas de nuestras grandes religiones sostienen que los números contienen significados ocultos relacionados con el universo y los dioses; los místicos hebreos antiguos se referían a esto como Gematria, un aspecto de la cábala.
La alubia es una legumbre que se cultiva desde tiempos remotos y es conocida en los cinco continentes con nombres muy diversos como: judías, habichuelas, fríjoles, porotos, ejotes, etc.
Las supersticiones relacionadas con el agua son muchas y muy variadas.
La sal es un elemento de la tierra, un compuesto de sodio que desde la antigüedad se ha considerado protectora frente a los maleficios y portadora de buena suerte. Puede que esta superstición esté relacionada con la importancia de la sal como conservante de alimentos. Además la sal simboliza la alianza del hombre con la divinidad, aspecto que queda destacado en la Biblia (Lev. 2, 13).
La manzana es la fruta que más se cultiva en el mundo desde hace más de 3000 años. Existen muchas variedades y hasta este siglo era la única fruta fresca que se comía en invierno.
La cebolla es un bulbo pariente del ajo que utilizaban los pueblos de Asia Menor para prácticas mágicas y que los egipcios reservaban a los inmortales por su condición sagrada.
Se dice que el ajo lo cura casi todo, desde las lombrices hasta el estreñimiento y el colesterol. El ajo crudo tomado en abundancia baja la tensión alta y potencia el sistema inmunitario; propiedades que ya se conocían en la antigua Roma ya que los soldados lo comían en abundancia para combatir las enfermedades infecciosas.
Los huevos de las serpientes eran utilizados desde la antigüedad como amuletos de la buena suerte.
Historias de cerdos, marranos y chanchos existen en muchas tradiciones y folclore alrededor del mundo.
Ingredientes para 15/20 personas:
En muchas tradiciones occidentales y orientales el arroz procura buena suerte a los recién casados. La superstición se origina en la antigua costumbre de tirar arroz sobre la cabeza de la novia, cuando entraba en su nueva casa, como símbolo de una vida llena de felicidad y prosperidad. Era también un símbolo de fertilidad.