Las abuelas, que bien sabían como atrer la buena suerte, recomendaban limpiar bien los hogares, antes de entrar a residir en ellos, para quitar las malas influencias. Esto se hacía colocando en la nueva residencia una botella de aceite de oliva, una barra de pan, un pote con sal gorda y un racimo de uvas. Todo esto debía quedarse ahí y no tocarlo durante mucho tiempo. La uva se podía colgar hasta que los granos se trasformaban en pasas.El pan en forma de Eucaristía goza del máximo significado en la religión cristiana y toma su simbología del Beith, casa de piedra, que más tarde se convierte en Bethlem, casa del pan, y morada de Dios. Así, desde sus orígenes el pan ha estado asociado a la vida activa, y el vino producido por la uva a la vida contemplativa.
Se debe tener un gran respeto al pan, nunca se tira según nos recomiendan los antiguos sabios; traería mala suerte. Tampoco se pone boca abajo; sería señal de poco respeto. Preparar unos panes atrae la suerte, y mientras se empastan se pueden pedir hasta 3 deseos. Cuando se pone a fermentar se dibuja una cruz encima para bendecirlo y ayudarle en la fermentación.
Pan de pasas
Ingredientes:
700 g de harina
150 g de uva pasa
la piel rallada de un limón
¼ litro de leche
50 g de mantequilla o margarina
aceite de oliva
50 g de azúcar
30 g de levadura de cerveza
una pizca de sal
una cucharadita de azúcar
Poner las pasas en remojo en agua.
Disolver la levadura en un poco de agua tibia y mezclarle el azúcar.
Poner la harina en un recipiente ancho, añadir la leche tibia, la levadura disuelta, una pizca de sal, la piel rallada del limón, la mantequilla o margarina ablandada, las pasas bien escurridas, y amasar todo durante un rato.
Formar una pelota, cubrir con un paño limpio de cocina y dejar en un lugar calentito durante una hora, hasta que haya fermentado y doblado su volumen.
Coger la masa del pan, amasarla nuevamente y cortar unos trozos para formar varios panes de la forma deseada (alargados o redondos). Engrasar una bandeja de horno con aceite, disponer los panes y dejarlos fermentar nuevamente una media hora. Pasado el tiempo de la segunda fermentación, poner los panes al horno caliente una media hora, hasta que se hayan cocido bien y se vean doraditos. El tiempo de cocción varía según el tamaño de los panes.
CONTINUACIÓN DE LAS RECETAS DE LA SUERTE
Trigo, cebada, maíz, sal y agua de manatial, para que en casa siempre haya abundancia.
Los rituales de final de año en Italia invocan la suerte y la prosperidad a través de los ricos manjares servidos encima de las fastuosas mesas: tortellini, lasañas al horno, caldo de capón, carnes asadas o hervidas y, sobre todo, en el norte de Italia, lo Zampone, suculento embutido que se cocina y se sirve acompañado de lentejas, que simbolizan la abundancia de dinero.
La Navidad, en la bella Sicilia Italiana, huele también a “scorze di cannoli fritti”, tubitos de pasta crujientes que se rellenan de crema de queso); a “Cassata”, tarta de queso fresco “ricotta” con fruta escarchada y chocolate; a “mpanate” (empanadas) calientes, con toda la variedad de sus rellenos: “mpanata natalizia nissena”, e la “mpanata ionica di Natale”; a “cudduredda di vinu cottu” rosquilla de vino cocido; a “Sfinci”, buñuelos fritos en aceite, especialidad navideña del “Valle del Belice” que las suegras regalan a las nueras; a rosquillas tostadas llamadas “roccocó”. Todo esto para alegrar la temporada del Adviento y las largas noches en casa, en compañía de la familia y amigos. Aromáticos dulces y sabrosos tentempiés que acompañan las charlas y la “Tombola”, especie de Bingo casero.
Para entender algo del amor que el siciliano siente hacia los manjares de su tierra, bastan las palabras escritas por Píndaro (célebre poeta de la Grecia arcaica) que dicen: “En Agrigento se construyen palacios y villas como si nunca se tenga que morir, y se come como si se tuviera que morir al día siguiente”.
La recetas de Pandoro y Panettone ya las he dado anteriormente.
Se prepara con todo tipo de fruta fresca disponible, limpia y cortada en taquitos. Se pone en un bol, se añade azúcar al gusto, jugo de naranja y un chorrito de jugo de limón. Si gusta también se puede echarle un chorrito de licor dulce. La macedonia se deja macerar unas horas al fresco o en la nevera antes de servirla.

Aquí comparto con vosotros la una comida del día de Navidad de mi infancia, con las recetas para que podais elaborar algunos de estos platos tradicionales, festivos y auténticamente mediterráneos.
El verdadero Santa Claus fue un santo muy popular en la antigüedad y se le han consagrado en el mundo más de dos mil templos. Era invocado en los peligros, en los naufragios, en los incendios y cuando la situación económica se ponía difícil.
150 g de azúcar
En todas las regiones de la tierra se cuentan historias o leyendas sobre seres misteriosos que representan a los espíritus de los bosques. Estos seres, semihumanos, vegetales, temerosos y huidizos, poblaban los bosques, y en el solsticio de invierno celebraban rituales y encantamientos para que el ciclo de la naturaleza se repitiera sin interrupciones. En las sociedades rurales los bosques eran sagrados, ya que en sus árboles vivían los genios benéficos, y los abetos siempre verdes representaben la inmortalidad.
La palabra mazapán proviene del árabe, del término “mahsaban”, que hace referencia a los postres hechos con almendras y frutos secos. Otros expertos aseguran que proviene del vocablo “mantha-ban”, que significa “rey sentado”. La primera forma que adquirió esta delicia de almendra fue precisamente ésa, la de un monarca sentado. De hecho, el mismo escudo heráldico de Toledo tiene un rey en esa postura, lo que demuestra el fuerte lazo que une a la ciudad con el mazapán.
125 g de almendras dulces en polvo
El Roscón de Reyes es una de las tortas más antiguas de la pastelería. Su forma de bollo circular la encontramos ya en el neolítico, cuando se amasaba con cereales y se cocinaba en tablas sobre piedras calientes.
En México la gente cena con su familia el día de Navidad. Se cierran calles para poner los puestos de los vendedores de artesanía, regalos y comida. Se toma ponche sin alcohol, preparado con frutas de la temporada (caña, naranja, lima, tejocotes).
En Argentina se han implantado a lo largo de los años todas las tradiciones navideñas de los países europeos llevadas hasta allí por las grandes olas de inmigraciones. Italianos, alemanes, belgas, españoles y muchas más nacionalidades han trasladado en este país sus tradiciones gastronómicas navideñas, adaptándolas al diferente clima en que se celebra tan señalada fiesta. En estas tierras de gauchos y apasionados tangos, lo único que falta es el típico paisaje nevado ya que en estas latitudes estamos en pleno verano. Se hacen comidas frescas, porque generalmente hace mucho calor. El pollo al horno, el asado criollo —todo tipo de carne que se asa a la brasa—, o el pavo relleno se acompaña con abunbantes ensaladas frescas y al final un buen helado. Sin embargo, los descendientes de los inmigrantes de tradiciones europeas, no renuncian a comer las nueces, los turrones, el pan dulce de almendras y la fruta confitada.
Los venezolanos comparten con los demás hispanos la devoción por el niño Jesús y la conmemoración de su nacimiento es particularmente celebrada.
En los países de América Latina —de arraigada tradición católica— se celebra especialmente la Nochebuena, el 24 de diciembre, con una cena familiar para la que se elaboran una gran diversidad de platos, postres y bebidas tradicionales.
El Friuli-Venezia-Giulia es una región del noreste de Italia fronteriza con Austria y Eslovenia. La zona de Trieste tiene playas asomándose al Mar Adriático, mientras que las zonas de los Alpes es un bello paraje montañoso, amado por los esquiadores. En esta privilegiada zona, en invierno reina el frío del norte y las fiestas de Navidad se regocijan bajo el manto blanco de la nieve.
No hay duda de que el pan dulce de Génova y el Panettone de Milán, son más antiguos y tradicionales, pero como siempre ocurre, encontraron un rival: el pan que elaboran los venecianos para las mismas celebraciones navideñas. El pan dulce veneciano, mejor dicho el Pandoro de Verona, nació efectivamente, como dice su nombre, en la ciudad de los amantes inmortales Romeo y Julieta. Este gran bollo dulce, que dio mucho prestigio gastronómico al lugar, es un bizcocho de pasta fermentada, muy ligera y sabrosa, que no lleva frutas y va espolvoreado abundantemente con azúcar en polvo.
El Panettone —un bollo con pasas y fruta confitada, tradicional de Milán— es también conocido como el "Pan de Navidad" de la Lombardía. La historia, más o menos verdadera, de este pan dulce nació hace más de cinco siglos, alrededor de 1490, cuando un joven aristócrata se enamoró de la hija de un pastelero de Milán. Para demostrarle su amor se hizo pasar por aprendiz de pastelero e inventó un pan azucarado en forma de cúpula a base de frutas con aroma de limón y naranjas. Los milaneses empezaron a acudir en masa a la pastelería a pedir el pan de Toni, así se llamaba el dueño de la pastelería, y de ahí viene el nombre de "panettone".
Los Saturnales romanos también se pueden considerar antecedentes de las fiestas navideñas cristianas —refiriéndonos sobretodo a los banquetes, abundantes y concurridos— que se celebran durante estos días festivos. Las fiestas en honor a Saturno, dios de la agricultura, empezaban el 17 diciembre y se prolongaban hasta el 23 del mismo mes. En ocasión de esta celebración, los ricos romanos solían poner una mesa para todos aquellos que se presentaban en la casa, ricos o pobres que fueran, y la gente se hacía regalos, sobre todo velas con cinta de colores, para celebrar la vuelta de la luz
Se tiene noticia que ya en el la primera mitad del siglo XIV, los habitantes del poblado alemán Naumburg/Saale se reunían en la mesa con un trozo de stollen o christollen (pan de Cristo) caseros, para celebrar la Navidad. En un documento del año 1329 en Naumburg se menciona el “christollen” como un regalo de Navidad ofrecido a un obispo.
La celebración del nacimiento del dios de la luz, el "Sol invicto", que se celebraba en el solsticio de invierno en Roma, se celebraba también entre el pueblo celta. Según la tradición druida, se ofrecían a los dioses sacrificios y se colgaban cabezas de osos, o de los guerreros enemigos, a los árboles sagrados que, luego, constituirán nuestros famosos árboles de Navidad.