Algunos autores de antiguos textos de cocina italianos recomendaron estirar las láminas de pasta destinada a preparar los raviolis tan sumamente sutil, hasta llegar a ser práticamente transparente. Esta extravagante idea llegó a extremos de recomendar sustituir el envoltorio de la pasta rellena con una fina capa de harina. Pero Bartolomeo Scappi, gran cocinero del renacimiento italiano, que nos ha dejado una importante obra gastronómica dedicada al Papa Pio V, llega mucho más allá cuando denomina “ravioli senza spoglia” (raviolis sin recubrir) a un refinado plato de bolitas de queso fresco, hierbas aromáticas, huevos, canela, azafrán y azúcar que, ya completamente desnudos y por fin impúdicos, gozarán de gran prestigio en las cortes y entre la clase poderosa de su tiempo.Ya en el siglo XIII existían en Italia uno tipo de raviolis llamados “raviolis blancos”, o “sine crusta”: bolitas del mismo relleno utilizado para los raviolis, que en este caso no se encerraba en un “recubrimiento de pasta”. Puede que fueran justamente esos preparados la fuente de inspiración de nuestro buen Bartolomeo.
De todas maneras, yo personalmente me resisto a llamar raviolis a estas deliciosas bolitas, y prefiero incluirlos en el apartado de los ñoquis por su forma de “grumo”.
Seguidamente voy a dar una delicada y sencilla receta, con ecos renacentistas, para que todo el mundo los puedan degustar, y decidir por sí mismos a qué se parecen.
Este tipo de pasta se solía condimentar, en épocas antiguas, con azúcar y canela, pero hoy en día se prefiere recubierta con una delicada salsa rosa.
“Malfatti” con salsa rosa
Ingredientes para 4 personas:
750 g de espinacas frescas
125 g de ricotta u otro queso fresco tipo requesón
un huevo entero más una yema
250 g de parmesano rallado
una pizca de nuez moscada
100 g de harina
Para la salsa rosa:
un diente de ajo
½ cebolla
50 g de mantequilla
2 cucharadas de aceite de oliva
450 g de tomate triturado natural
12 hojas de albahaca frescas
125 g de nata líquida o crema de leche
sal y pimienta molida
Ante todo preparar la salsa rosa:
En una cazuela al fuego calentar la mantequilla junto con el aceite, añadir la cebolla y el ajo picado finamente y dejar dorar unos minutos. Tirar los tomates triturados, salpimentar al gusto y dejar cocer a fuego medio unos 25 o 30 minutos. Añadir la crema de leche o nata, dejar espesar dos o tres minutos más y sacar del fuego. Unir las hojas de albahaca desmenuzadas, remover delicadamente y reservar.
Para preparar los “Mafatti”:
hervir las espinacas, limpias y escurridas, en abundante agua salada. Escurrirlas bien exprimiendo el exceso de agua, triturarlas finamente y dejarlas enfriar. Añadir el queso fresco (ricotta o requesón), el huevo entero y la yema, una pizca de nuez moscada rallada, el parmesano (reservando un par de cucharadas), la harina suficiente para que se pueda amasar bien el preparado, salpimentar al gusto. Formar con las manos enharinadas unas bolitas del tamaño de una nuez, pasarlas por harina y reservarlas.
Hervir abundante agua salada, tirar las bolitas de queso y espinacas, sacarlos inmediatamente cuando empiezan a flotar, escurrirlas bien y depositarlas en un plato de servir. Rociar con la salsa rosa caliente, espolvorear con un poco más de parmesano rallado y servir.
El Archiduque Francisco de Austria-Este, en 1812, escribe después de haber visitado la isla: “En todas las casas de Cagliari, en sus suburbios (y así en toda Cerdeña), se ven en las habitaciones de la planta baja pequeños molinos, o muelas para trigo movidas por un burro… que hacen harina moliendo el trigo, mujeres que preparan macarrones y pastas diferentes que son famosas, las hacen bien, se conservan mucho tiempo y las hacen secar al sol”.
Voy a continuar con el tema de los ñoquis hablando de unos preparados originarios del Lacio, la región donde está situada la capital italiana, Roma. En las campiñas romanas ya existían en el siglo III a.C. una especis de ñoquis, hechos con harina, agua y queso, llamados “Lixulae”, considerado plato pobre e indigno para la clase aristocrática, apto sólo a los estómagos rústicos de los campesinos. Pero este sencillo preparado se trasformó con el tiempo en los delicados “ñoquis a la romana”, hechos con sémola cocida en leche, que podemos degustar actualmente en las posadas romanas, sobre todo el jueves, día dedicado a este manjar, que ahora se considera por fin apto a los paladares más exigentes.
“En principio fue el “Gnocco”, grumo de harina y agua, madre y padre de todas las pasta y los panes”.
En los pueblos antiguos se pensaba que la fertilidad humana estaba relacionada directamente con la tierra y con las mujeres, que eran las que creaban las nuevas vidas; a ellas se les atribuían poderes mágicos y, por esta razón, sólo ellas podían entrar en contacto con las divinidades relacionadas con la fertilidad.
Desde varios milenios antes de nuestra era, en las primitivas culturas mediterráneas agrícolas, se adoraban principalmente las Grandes Diosas madres de la naturaleza. A ellas se dedicaban las "Fiestas de Paso" en la primera luna llena de primavera. Durante los días festivos se comían panes preparados sin levadura y se realizaban las danzas rituales. En la ciudad de Troya durante las fiestas del comienzo de la primavera se realizaban danzas rituales en laberintos dibujados sobre el césped. Bailes parecidos se practicaban también en otros lugares alejados como el antiguo Gales, de cultura Celta, y el nordeste de Rusia.
La primavera es una de las cuatro estaciones del año de las zonas templadas de la Tierra. Astronómicamente comienza con el equinoccio de primavera, entre el 20 y el 21 de marzo, en el hemisferio norte, transcurre en los meses de marzo, abril y mayo, terminando con el solsticio de verano alrededor del 21 de junio. En el hemisferio sur empieza entre el 22 y el 23 de septiembre, continúa octubre y noviembre, acabando con el solsticio alrededor del 21 de diciembre. Al iniciar la primavera los pueblos agrícolas preparan la tierra y siembran la mayoría de los cultivos que podrán aprovechar las lluvias para desarrollarse. Aparecen las primeras flores y los animales se reproducen estimulados por el buen tiempo.
Dioniso, de origen tracio, se consideraba el dios de los árboles cultivados y el descubridor de todos los árboles. Los atenienses le rendían culto y abundantes sacrificios para que prosperasen los frutos de la tierra.
La Pascua es la celebración más importante para todos los cristianos ortodoxos. Pascua significa el paso del invierno, la muerte, para saltar a la primavera, que es vida, renacimiento y alegría: la luz vuelve con la resurrección del Cristo.
La fiesta religiosa más importante para los cristianos, antes de la Semana Santa, es el Domingo de Ramos, una celebración que se lleva a cabo en todas las iglesias cristianas en homenaje a la entrada triunfante de Jesús en Jerusalén. En Roma en el siglo IV se llamaba a este día “Domingo de la Pasión” y en él se proclamaba solemnemente la Pasión del Señor, haciendo ver que la cruz es el camino de la resurrección. Sólo hasta el siglo XI comenzó allí también la costumbre de la procesión, y la cruz era cargada triunfalmente por los feligreses. En Francia y en España en el siglo VII se habla de bendición de ramos y de procesiones. Los elementos más importantes de esta fiesta son los ramos que, sin embargo, poco tienen que ver con aquéllos con los que fue recibido Jesús en Tierra Santa. Normalmente son ramos de boj y flores secas, así como ramas de amento o palmeras como en España. En algunas regiones se hacen ramos que alcanzan varios metros que se decoran con cintas de colores, con hierbas teñidas, flores secas o artificiales hechas de papel de seda de colores, caramelos, rosarios y galletas.
"Pascua Florida" son llamadas popularmente las celebraciones de las fiestas pascuales. Esta denominación delata una vez más la experiencia natural y profana que subyace vigorosa a las fiestas cristianas litúrgicas.
Los primeros cristianos por ser judíos celebraban la Pascua tomando la relación con Jesús como el cordero de Dios, “que quita los pecados del mundo”. En el Concilio de Nicea, bajo Constantino, los cristianos transformaron la celebración de la Pascua judía como fiesta de la resurrección de Jesús de Nazaret. Allí mismo se inició la separación entre el judaísmo y el cristianismo.
La fresa, por su delicada forma de corazón, se ha utilizado a través del tiempo en historias, literatura y pinturas con connotación de pureza, pasión y amor.
Las fresas, de delicado sabor y aroma intenso, destacan por tener vitaminas beneficiosas para nuestra salud como la vitamina C, la vitamina E y el betacaroteno, —los tres antioxidantes por excelencia—. La acción de este trío benéfico ayuda a prevenir el daño causado por la ingesta de demasiadas grasas, por el excesivo sedentarismo y el tabaquismo. La fresa tiene el 85% de su composición en agua, mínimo aporte calórico, no contiene grasas ni colesterol. Su consumo nos aporta varios minerales fundamentales como el calcio, yodo, fósforo, magnesio, hierro y potasio. Regula la función hepática, ayuda a limpiar y depurar nuestro organismo de la acción de las toxinas acumuladas.
Los antiguos romanos descubrieron las fresas silvestres en los Alpes, montañas del norte de Italia, en seguida se aficionaron a ellas convirtiéndolas en alimento privilegiado y exclusivo de la clase noble. Actualmente, su cultivo se encuentra extendido en muchos países, siendo España uno de los primeros productores mundiales de fresas. En la zona de Huelva este fruto se conoce con el apelativo de ‘oro rojo’. En esta comarca tenemos la mayor capacidad productiva del país, puede que ingualada por Aranjuez, cuyas fresas son muy apreciadas por su suavidad. Existen más de 600 variedades de fresas que se comercializan en dos grandes grupos principales: las de fruto grande o fresones, y las de fruto pequeño o fresas propiamente dichas.
En primavera las fresas inundan nuestros mercados y por su agradable sabor y vivo color, se convierten en una de las frutas más apetecibles de la temporada, sea cual sea la forma de tomarlas.
Aprovechemos sabiamente todo los sanos recursos alimenticios que nos brinda la naturaleza en primavera. Deliciosas ensaladas se pueden preparar también con la fruta.
Una buena ensalada de pasta o arroz es una sana alternativa dietética para un apetitoso plato único del mediodía, acompañado con un poco de fruta, quesos frescos, o un yogur.
Las verduras y hortalizas han formado tradicionalmente parte de la dieta de primavera en la mayor parte de las culturas. Abundantes en esta época del año, su uso se relaciona con la limpieza y reconstitución del cuerpo, tan necesaria después del invierno.
Renacer con la naturaleza en primavera es imprescindible, para permanecer vivos, vibrantes, frescos, sensibles. Existir verdaderamente no es lo mismo que pasar aletargado y sin saber qué esperar de la vida y lejos del principio superior que todo lo rige. La naturaleza, junto a las más antiguas y sabias tradiciones, enseña que es inevitable aceptar el cambio, y que para cambiar, antes hay que dejar morir lo que cuelga del pasado. Claro que renacer es mucho más fácil pronunciarlo que realizarlo, y a pesar de las muchas técnicas en boga y de la gran cantidad de libros que pueden ayudarnos en un determinado momento, es nuestro el esfuerzo que cada día debemos dedicar conscientemente a esta tarea. Es importante estar atento a todo lo que nos rodea, hasta los más pequeños detalles, y a lo que sentimos en nuestro interior. Imprescindible después, querer eliminar los malos hábitos que gobiernan nuestra vida para dejar espacio a los nuevos. La naturaleza, al igual que nuestras mentes que son parte de ella, son sistemas muy complejos, pero por suerte capaces de reorganizarse, y cuando lo consiguen se produce el auténtico renacimiento.
Una buena medida para estimular el efecto de la desintoxicación es tomar frecuentemente durante el día infusiones y tisanas de hierbas. Es muy bueno tomar té verde, infusión de diente de león, de alcachofa, romero y menta, o café de cebada.
Si se quiere continuar manteniendo una dieta ligera y desintoxicante en primavera, elegir pescado en lugar de carne, ya que contiene menos grasas y es más fácil de digerir.
El espárrago es un potente diurético, por este motivo su acción debe ser regulada ingiriéndolo junto a hortalizas como la remolacha, la zanahoria y las patatas. Los espárragos deben consumirse con precaución si se sufren problemas renales, como inflamaciones (nefritis), pequeños cálculos renales (arenilla) así como durante crisis de cistitis.
La alcachofa es un potente aliado del hígado y de la vesícula biliar; muy indicado para prevenir la formación de cálculos biliares, depurar la sangre y asegurar una buena digestión. También es un eficaz diurético por ser rico en potasio.