Sin duda, actualmente, tenemos cada vez más prisa, sin embargo no queremos renunciar a comer bien. Si uno dispone de poco tiempo para dedicar a la cocina, y quiere disfrutar de platos buenos y de rápida preparación, está de enhorabuena: en el mercado hay gran cantidad de alimentos que se pueden utilizar para confeccionar suculentos platos en un santiamén, como ensaladas ya limpias y mezcladas, legumbres cocidas, hortalizas y frutas frescas, frutos secos de todo tipo, semillas tostadas de sésamo y girasol, carnes y pescados, embutidos, enlatados y encurtidos, huevos frescos y cocidos, arroz, pasta seca, fresca o rellena. Muchos suelen identificar comida rápida con comida basura, pero no necesariamente es así. La cocina más actual necesita de menos tiempo de cocción, está repleta de verduras, fruta y demás ingredientes frescos y saludables, que se utilizan cada vez mejor, se cocinan de manera que mantengan todos sus beneficiosos efectos, o se aliñan sin exceder en calorías y grasas prejudiciales para la salud. Aquí un ejemplo de comida rápida, sana y deliciosa.Pollo frío con naranjas
(30 minutos)
Ingredientes para 4 personas:
2 pechugas de pollo
4 naranjas no tratadas con pesticidas
el zumo de medio limón
una cucharada de perejil picado
2 clavos de olor
un diente de ajo
2 cucharadas de licor de naranja
4 cucharadas de aceite de oliva
pimienta en grano, sal
Pelar una naranja y reservar la piel.
Poner un poco de agua en una cazuela al fuego, cuando rompe el hervor añadir las pechugas de pollo, limpias y enjuagadas, el diente de ajo pelado, la piel de la naraja libre de la parte blanca, los clavos de olor, unos granos de pimienta, sal y dejar cocer a fuego moderado 10-15 minutos. En un cuenco batir el zumo del limón con el licor, sal, pimienta molida y añadir un chorrito de aceite de oliva. Emulsionar bien y reservar. Escurrir el pollo de su líquido, cortar las pechugas en tiritas y transferirlas en un cuenco. Condimentar con la salsita preparada, añadir un par de cucharadas de caldo del pollo, remover bien y reservar en la nevera.
Pelar las restantes naranjas, quitarles la parte blanquecina amargante y cortarlas en gajos o lonchas. Al momento de servir, unir las naranjas al pollo, espolvorerar con perejil picado y servir.
Hay muchas variedades de malta y muchas variedades de lúpulo. Dependiendo de las levaduras tenemos cervezas de fermentación superior, típicamente inglesas como las ales, porter, stout.
Entre las variedades clásicas de cerveza, los expertos distinguen diversos tipos dependiendo del lugar de origen, la elaboración y los ingredientes añadidos.
Dado por supuesto que cada fase del proceso de elaboración de la cerveza es susceptible de alteraciones, modificaciones e intervenciones creativas, analicemos algunas: la bitter, cerveza a menudo muy cargada de lúpulo con sabor amargo; la India pale ale, con abundante lúpulo y un elevado contenido alcohólico, también bastante amarga; la mild ale, cerveza oscura, con poco lúpulo y bajo contenido en alcohol (alrederor de un 3%); la stout, cerveza oscura elaborada con maltas muy tostadas, en ocasiones dulzona y con poco alcohol, pero normalmente seca, amarga, con una graduación alcohólica que oscila entre un 4 y un 10%; la porter, una stout más ligera; la scotch ale, una cerveza donde predomina el sabor a malta, a veces dulce y con poco lúpulo; la cerveza ahumada, que se obtiene al tostar los granos de cebada sobre el fuego, —tiene tradición en Escocia, Alemania y Polonia—. Una variante de la cerveza ahumada es la cerveza a la piedra, en cuyo proceso de elaboración se le introducen piedras candentes en el mosto. El sabor ahumado se degusta a una temperatura entre 7° y 8°C . Se sule servir con una gran corona de espuma que le da una apariencia deliciosa. La barley wine, una ale muy fuerte que suele estar embotellada. Además los ingleses llaman Cask ale o real a las cervezas que experimentan una segunda fermentación, o maduración, en los sedimentos de levadura y que se suelen servir directamente con ellos.
Me gustaría aclarar algo más a cerca de las buenas cervezas, ya que en Europa varían mucho de sabor, color y fuerza. Hay una distinción básica en la gran familia de las cervezas según como se utilizan las levaduras.
Hay tres productos básicos utilizados para la elaboración de la cerveza: la malta de cebada, el lúpulo y el agua. Pero además debemos tener muy en cuenta la levadura y los 'adjuntos' (arroz y harina de maíz).
En la edad media probablemente se elaboró por primera vez buena cerveza en los conventos. Santa Hildegarda, abadesa de Rupertsberg, menciona en 1079 el lúpulo como materia que se añadía a la cerveza; en aquel tiempo era frecuente el cultivo del lúpulo en Baviera, Franconia y Baja Sajonia. Poco a poco fue divulgándose el arte de elaborar la cerveza, pasando de los conventos, —donde se distinguía la cerveza fuerte (Paterbier) de la floja (Kofentbier o Coventbier)—, al pueblo.
El origen de la cerveza esta íntimamente ligado a los primeros pasos del hombre en la agricultura y la consiguiente necesidad de almacenamiento de los granos. Es posible que su nombre provenga del latín “cervisia o cerevisia”, por referencia a Ceres, diosa de la Agricultura.
Desde la antigüedad se intuían los efectos beneficiosos de la cerveza. El médico griego Hipócrates decía de ella que era “un calmante suave que apaga la sed, facilita la digestión y fortaleza el corazón y las encías”. Efectivamente la cerveza aporta un montón de componentes saludables, entre ellos el fósforo, vitaminas del grupo B, muy importantes para el sistema nervioso, niacina, acido fólico, que actúan sobre el metabolismo de los glúcidos.
Si organizamos unas comidas con abundantes vegetales bajos en calorías (“quema-grasas”), un poco de proteína sin grasa, todo acompañado con zumo fresco de hortaliza o fruta, o de una infusión depurativa; haciendo el cálculo aproximativo de las calorías ingeridas, tendremos la dicha de ver que podemos añadir un postrecito dulce a nuestro dietético almuerzo.
Un estilo alimentario que pretende hacer perder peso y eliminar la celulitis, tendría que evitar la ingesta de algunas grasas como la mantequilla y la margarina. El mejor condimento es el aceite de oliva (dos cucharadas al día), y es preferible utilizarlo en crudo porque así se aprovechan y optimizan todas sus propiedades nutritivas. También sería bueno eliminar los azúcares blancos, y sustituirlos por pequeñas cantidades de miel o azúcar de caña (dos cucharaditas al día), más ricos en vitaminas y minerales. Además sería beneficioso intentar rebajar la cantidad de sal en los alimentos que se ingieren, ya que ésta podría favorecer una desagradable acumulación de líquidos corporales. En altenativa se pueden sazonar los platos con hierbas aromáticas, vinagre, limón, ajo, cebolla, etc. También se debe moderar la toma de embutidos y quesos curados, ya que contienen generalmente mucha sal y cantidades de grasa considerable.
Una dieta hipocalórica puede ser también fuente de salud, si aprovechamos la idea de perder peso con la de desintoxicarnos al mismo tiempo y, finalmente, encontrar un nuevo equilibrio dietético y una renovada energía vital.
Últimamente se habla mucho de adelgazar comiendo, parece que se hayan descubierto por fin milagrosos alimentos que aportan nada menos que “calorías negativas” o “quema-grasa”, y que uno puede adelgazar comiendo. En efecto existen en la naturaleza alimentos vegetales que aportan muy pocas calorías y nuestro organismo gasta más calorías en su digestión de las que ellos mismos aportan, esto hace que con el mero hecho de comerlos ya estemos quemando calorías.
Todo el mundo debería saber que el secreto para adelgazar es una alimentación sana, equilibrada, y con una justa repartición de las calorías cuando más las necesita el cuerpo para funcionar bien: no olvidemos que somos “máquinas” que necesitan de energía para moverse. Por lo tanto lo correcto sería un desayuno abundante, una comida completa y equilibrada durante las horas en que el metabolismo trabaja más y quema más calorías, y una cena frugal: “comer como un rey y cenar como un pobre”, como bien afirma un conocido dicho popular. Esto parece del todo obvio, sin embargo muchas personas que desean perder peso continúan desayunando casi nada, almorzando comidas hipercalóricas y cenando demasido abundante, justo lo contrario de lo que deberían hacer.
El creciente culto a la belleza y la delgadez como condicionantes para conseguir el éxito hoy día, ha hecho que surjan en torno a la alimentación una serie de creencias erróneas que lo único que consiguen es confundir a las personas que quieren perder peso y mejorar su salud. Muchos de estos mitos no se basan en serios conocimientos científicos, y la mayoría están propiciados por intereses comerciales y económicos.
Todo el mundo debería saber que la cantidad de calorías necesarias por día varia mucho de una persona a otra de acuerdo con la edad, el sexo, la constitución física, el estado de salud y la actividad.